A dos décadas del lanzamiento de Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, el histórico álbum debut de Arctic Monkeys, Chris McClure, el hombre que aparece en su icónica portada, reflexionó sobre el inesperado nivel de éxito que alcanzó el disco y expresó sus dudas sobre si algo así podría repetirse en la actualidad.
El álbum, publicado en enero de 2006, no solo marcó el inicio de una de las bandas más influyentes del rock británico moderno, sino que además estableció un récord que aún se mantiene: el de debut más vendido en la historia del Reino Unido, con más de 360 mil copias despachadas en su primera semana, superando incluso a Definitely Maybe de Oasis.
McClure, amigo cercano del grupo y entonces vocalista de The Violet May, recordó en una entrevista con BBC Radio Sheffield el caos que rodeó aquellos días. Según relató, la atención mediática fue tan intensa que incluso había periodistas apostados fuera de la casa de su madre y en el pub donde trabajaba por ese entonces.
Hoy conocido por su personaje humorístico viral Steve Bracknall, McClure sostuvo que el contexto cultural y mediático actual hace difícil imaginar un fenómeno similar. A su juicio, resulta poco probable que una banda obrera británica de cuatro jóvenes logre convertirse en noticia nacional de forma inmediata, como ocurrió con Arctic Monkeys en su irrupción.
La mítica fotografía de la portada fue tomada durante una noche en Liverpool, luego de que la banda le entregara 70 libras para salir de fiesta. El registro se realizó de madrugada en el bar Korova, en medio de alcohol, cansancio y una escena completamente improvisada. McClure ha reconocido en más de una ocasión que, en ese momento, no dimensionó el alcance que tendría la imagen ni el disco.
Con el paso de los años, el álbum ha acumulado múltiples reconocimientos: ocho certificaciones de platino en Reino Unido, el Mercury Prize 2007, un Brit Award al Mejor Álbum Británico y una nominación al Grammy. Además, incluyó el single “I Bet You Look Good On The Dancefloor”, que catapultó a la banda a nivel global.
Mientras el disco sigue siendo una referencia obligada del rock del siglo XXI, McClure mira hacia atrás con asombro y nostalgia, convencido de que aquel estallido cultural fue producto de un momento irrepetible.