El gobierno de Suecia está promoviendo un giro en su sistema educativo, priorizando el uso de libros, cuadernos y escritura manual por sobre las herramientas digitales, en un intento por revertir la caída en los niveles de comprensión lectora.
La iniciativa, resumida en el lema “de la pantalla al papel”, busca reducir al mínimo el uso de dispositivos electrónicos en las aulas, especialmente en los niveles iniciales. Desde 2025, las escuelas infantiles dejaron de estar obligadas a utilizar tecnología, y este año entrará en vigor la prohibición de teléfonos móviles en los establecimientos educacionales.
El impulsor de esta política, Joar Forsell, vocero de educación del Partido Liberal, sostiene que el aprendizaje mejora cuando los estudiantes trabajan con materiales físicos, favoreciendo la concentración y el desarrollo de habilidades básicas como la lectura y la escritura.
El cambio responde, en parte, a resultados preocupantes en evaluaciones internacionales como el informe PISA de la OCDE, donde el país ha evidenciado una caída en áreas clave como matemáticas y comprensión lectora.
Además, estudios recientes han advertido sobre el impacto negativo del uso intensivo de pantallas en el aprendizaje. La neurocientífica Sissela Nutley, vinculada al Instituto Karolinska, señala que los dispositivos digitales pueden generar distracciones y dificultar la retención de información en estudiantes más jóvenes.
Sin embargo, la medida ha generado críticas desde distintos sectores. La asociación Swedish Edtech Industry advierte que una educación excesivamente analógica podría limitar el desarrollo de habilidades digitales, fundamentales en un mercado laboral cada vez más tecnológico.
Su directora ejecutiva, Jannie Jeppesen, plantea que la mayoría de los empleos del futuro requerirán competencias digitales, por lo que reducir su enseñanza podría afectar la competitividad del país. También alerta sobre posibles efectos en la innovación, considerando que Suecia es uno de los principales polos de empresas tecnológicas en Europa, con compañías como Spotify.
El debate también alcanza al uso de inteligencia artificial en la educación. Mientras el gobierno plantea introducir estos contenidos en niveles más avanzados, algunos expertos advierten que retrasar su enseñanza podría profundizar brechas entre estudiantes.
Así, Suecia enfrenta un complejo equilibrio entre reforzar las habilidades tradicionales y preparar a las nuevas generaciones para un entorno digital, en medio de un debate que sigue abierto tanto en el ámbito educativo como en el económico.